lunes, 16 de julio de 2007

Krautrock Vol.1: Faust

Faust: Clear (1971)

1. Why Don’t You Eat Carrots (9:31)
2. Meadow Meal (8:02)
3. Miss Fortune (16:35)

Sello: Polydor

Puesto que últimamente estoy un poco aburrido de popismos, poperías y poperadas (aunque me temo que en el fondo siguen siendo lo que más me gusta), estos días estoy haciendo un recorrido más o menos intensivo por el rock alemán de los 70, al que la prensa inglesa le endosó un apelativo por el que, a partir de entonces, se conoce a esta música: krautrock (rock repollo). A la mayoría de los implicados en el asunto no les hace demasiada gracia ese nombre tan vago y perezoso. De todas formas, también hay que decirlo, a los alemanes no les hace gracia casi nada.

Ya conocía un poco a Neu!, también a Kraftwerk, por supuesto (sobre todo su etapa post-Autobahn, que no es propiamente krautrock, sino más bien pop electrónico). Incluso había oído alguna cosa de Can; en suma, tenía una muy somera noción de los grupos que más se conocen dentro del contexto anglosajón. Sin embargo, el descubrimiento de cosas como Amon Düül II, Faust, Ash Ra Tempel, Harmonia, y otros colgados como La Düsseldorf o Walter Wegmüller, me ha excitado sobremanera. El balance de mi paseo por todo este opíparo sauerkraut cósmico es altamente positivo. Hay momentos de verdadera magia en esta música, maravillosos cortocircuitos, aunque eso no quita para que me haya encontrado también auténticos plomazos, consecuencia inevitable del muy alto nivel de riesgo asumido en la aventura.

El

Hay una cosa que creo que es cierta, y es que fue Alemania (más concretamente, la RFA) el lugar de Europa donde el rock adquirió un carácter más original y extremo. En ningún otro país se llega a una reinvención de tamaño calado: en Francia, durante los años sesenta, encontramos una versión chic yeyé del rock americano de los 50 (con figuras mayores como Gainsbourg) en Italia y en España, la canción de autor goza de buena salud… pero el rock por entonces carecía prácticamente de tradición propia en tierras europeas. Con una excepción: en Alemania, escenario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial, había bases americanas e inglesas, soldados conduciendo coches americanos, bebiendo Coca-Cola y vestidos con jeans… y todo ello sin duda debió dejar una notable impronta en la conciencia teutona. Por la época se forman comunas extremadamente bizarras de donde surgen grupos como Amon Düül. Ralf Hütter, en una entrevista con Lester Bangs, afirmaba lo siguiente:


“Tras la guerra, el entretenimiento alemán fue destruido. Los alemanes fueron despojados de su cultura y se colocó una cabeza Americana en su lugar. Creo que somos la primera generación nacida después de la guerra en sacudirse esto de encima, y en saber cuándo sentir la música americana y cuándo sentirnos a nosotros mismos. Somos el primer grupo alemán en grabar en su propia lengua, en utilizar nuestro contexto electrónico, y en crearnos una identidad centroeuropea”.

Eleganz und Dekadenz

Los alemanes reaccionaron ante la avalancha americana, aprovechando todo lo que apreciaban de ella y subvirtiéndolo. Durante los setenta, en Francia ya existen cosas como Magma o Gong, en Italia Franco Battiato hace interesantes marcianadas antes de arrasar como cantante pop de éxito, junto con Premiata Forneria Marconi, Banco del Mutuo Soccorso y prog-rockers afines. En España tenemos a Triana, Companyia Elèctrica Dharma, Jaume Sisa, Pau Riba, etc…y probablemente un buen montón más que todavía están por explorar en profundidad. Pero de entre todas las europeas durante estos años, la escena alemana será la que va a ejercer una mayor influencia en la música popular. El caso de Kraftwerk es evidente, su huella es inmensa, desde la génesis del hip-hop hasta la última retro-petardada tecno-pop. Pero también otros importantes conjuntos como Can (el incombustible líder de The Fall, Mark E. Smith, insiste en denominarlos “la banda más influyente de la historia del rock”) o Faust (ecos en Throbbing Gristle, DAF, Mouse on Mars, Godspeed You Black Emperor! y decenas más) dejarán sus nombres escritos con letras de oro en la historia.

Así que usando como guía de viaje el Top 50 que Julian Cope incluyó al final de su apasionado Krautrocksampler (con ocasionales desvíos, pero por algún lado se ha de empezar) heme aquí perdiendo la cabeza entre laaaargos desarrollos instrumentales, burbujitas de sonido sideral, demenciales corta-y-pega y ritmos tribales y pre-industriales. Sehr gut!

Faust

Y empezaré hablando… del primer disco de Faust (conocido como Clear o simplemente, Faust). Quizá no sea el más adecuado para introducirse en el repollismo (su cuarto álbum, Faust IV, incorpora estructuras más convencionales) pero es que me ha parecido especialmente interesante. Sí, amigos, la primera en la frente; este es un disco capaz de desconcertar al más bregado pajero musical. Es el típico disco que pones a tus amigos esperando aprobación, pero que es rechazado a los dos minutos con el clásico “Eh tío, quita eso que me está rayando. Eso ni es música ni es nada”.

Todos sabemos que la gente, así en general, tiene un gusto de mierda y/o mediatizado al 100%. Eso es así y punto, pero tampoco es tan tan grave. A no ser que seas un pajero terminal que sólo es capaz de dar el “visto bueno” a alguien si escucha también tus pajeriles grupos, incluso puedes indicarlo con cierto tacto; yo siempre lo he hecho con mis amigos y nunca se han enfadado: “Tienes un gusto de mierda”. No va a pasar nada si son tus amigos de verdad. Si no tienes amigos no hace falta que te preocupes por eso.

Sin ánimo de parecer el típico enterado que ensalza discos simplemente porque no se venden (pues soy fan de superventas como Michael Jackson o incluso Kylie Minogue) es sin duda ese el caso que nos ocupa; se habla de menos de mil copias vendidas en los primeros meses tras su aparición. Pero no es de extrañar, porque lo que aquí tenemos es un artefacto bastante radical en su concepto. Si incluso hoy día resulta extraño y desafiante (aunque ojo, también sorprendentemente divertido) no puedo imaginar cómo debía resultar hace 36 años. La gente por aquel entonces quedó estupefacta ante estos guaches, no sabían por dónde cogerlos. La única forma de que vendieran algo, como quedó demostrado, fue mediante la maniobra de la recién nacida por aquel entonces Virgin Records, que en su deseo de difundir el rock alemán puso el Faust Tapes al increíble precio de 48 peniques. Resultado: de 50,000 a 60,000 copias vendidas (nada mal para un disco tan iconoclasta) y 2.000 libras en pérdidas para Virgin.

Portada del primer disco de Faust

En la portada del álbum está impreso el puño (Faust en idioma teutón) de un tal Andy Hertel, amigo del grupo, visto a través de rayos X. En su edición original, de finales de 1971, tanto el vinilo como la funda y la hoja con las letras imprimidas eran transparentes: después se reeditó en vinilo corriente de color negro, y años más tarde en CD. La página oficial no es muy clara con respecto a las fechas de las reediciones. Me imagino que una copia de la edición original en vinilo debe costar un ojo de la cara. El mítico John Peel se sintió compelido a comprar el elepé sólo por la portada; cuando descubrió que la música era todavía mejor lo puso en la radio día sí día también.

Esta magna obra tan sólo consta de 3 cortes: el primero, Why don’t you eat carrots? comienza el recorrido con un sonido que es como una declaración de intenciones. No hay concesiones: un chirrido molestísimo capaz de desalentar a los oyentes menos pacientes; y al fondo sonando, como en una dimensión paralela, el “Satisfaction” de los Rolling Stones y el “All You Need Is Love” de los Bítels.

El periodista y productor musical Uwe Nettelbeck, mentor de la aventura fáustica -y fallecido el 17 de enero del presente año- dijo en 1973:


“La idea era no copiar nada de lo que ocurría en la escena rock anglosajona… y funcionó.”


“Siempre nos gustó la idea de publicar discos que no estuvieran del todo “acabados” en términos de producción. La música debería sonar como un “bootleg”, como si alguien grabara a un grupo ensayando y cortara y editara todo salvajemente”


Faust ensayando, en 1971

Me resulta difícil describir algo tan desestructurado. Es como un descampado lleno de alambres retorcidos y hierros oxidados, con un piano de juguete y el sonido de las factorías al fondo. Voy a hacer establecer una analogía un tanto idiota pero que puede servir. En “El Vientre de un Arquitecto” (cito de memoria, es posible que me equivoque) el protagonista Stourley Kracklite se encuentra frente al Mausoleo de Augusto y comenta cuánto mejor lucen los edificios de Roma como ruinas; son infinitamente más sugerentes, dice, dejan un vacío dispuesto a ser rellenado por la imaginación. Cuando estuve paseando por los Foros Imperiales en Roma, recordé esas palabras: estaba profundamente impresionado… Como ocurrió a muchos otros antes, el poder evocador de las ruinas me tenía hechizado.

Aunque no es el mismo caso, evidentemente, hay algo en esta música que me produce una sensación semejante. Aquí nada está terminado, la sorpresa es constante: al lado de una melodía de piano, después aparece un riff con guitarras y trompetas estúpido y adictivo como pocos (que reaparece en discos posteriores); más allá, burbujitas electrónicas, una conversación en alemán, un órgano tocando un vals ralentizado, bosquejos de melodías pop.


En directo en Lyon en 2006

Lo particularmente sorprendente es lo divertido que resulta escucharlo. La primera vez quizá resulte demasiado raro, pero a la segunda escucha comienza a revelar su caótico encanto. Como un paseo por un descampado, donde crecen flores entre moldes de cemento, como una carretera permanentemente en obras, como un edificio en ruinas, así es la música de Faust. En los siguientes discos comenzarán a adoptar, como dije, estructuras algo más convencionales… Pero en cuanto a experimentación abrasiva, destructora e inspiradora a partes iguales, en cuanto a dadaísmo rock, nada supera a su primer álbum.

Faust se reunieron en los noventa tras algunos años apartados de la creación y actualmente siguen en la brecha, dando conciertos con motosierras y metales, algo parecido a lo que hacía La Fura dels Baus en sus comienzos. No me importaría verlos en directo si se presentara la ocasión; por el momento, sigo con sus fascinantes elepés y quizá eche un vistazo al DVD que editaron hace poco. Recomiendo que hagan lo mismo, quizás les guste tanto como a mí.

1 comentarios:

diego ojeda dijo...

Soy Diego de Buenos Aires y quería comentar algo sobre Faust, una banda que en mi país es casi completamente desconocida por la gente común y solo conocen de este ámbito musical a Pink Floyd hasta ahí nomás. En la página web "El oír pensante" el autor afirma que se trata de la mejor banda que ha existido en la historia de la música por lo que ha significado su trascendente estilo musical tan experimental en sus inicios (algo así como Amon Duul II pero en mayores niveles) y que luego fue virando hacia horizontes mas progresivos y electrónicos. Me parece una banda extraordinaria pero que es muy desconocida en el mundo actual, no se si es porque sus integrantes no hacen una música mas convencional y por ende son extremadamente vanguardistas o vaya a saber que razón hay para ignorar este grupo de talentos superlativos; para mi, una de las mejores bandas de la historia con diferencia, muy por encima de algunos mucho mas famosos.