lunes, 16 de marzo de 2009

Gran Torino

He ido a ver la última película de Clint Eastwood, Gran Torino. Me gustó bastante, es bastante sólida, como la mayoría de lo que ha venido haciendo en los últimos quince o veinte años (Sin perdón, Mystic River, Cartas desde Iwo-Jima/Banderas de nuestros padres, Million Dollar Baby, El Intercambio...). Sólidas, sí, pero como es natural, unas me gustan más que otras: "Million Dollar Baby" y la dupla "Cartas... Banderas" me sulibeyan (¿sulibellan? ¿suliveyan?) especialmente, mientras que "Mystic River" me decepcionó abiertamente en su artificioso tramo final y "Sin perdón" me pareció una castaña, la verdad.

La película comienza presentando -con bastante brocha gorda- los personajes de la historia, y a partir de ahí todo va rodado. Walt Kowalski, el personaje de Clint, es una pura caricatura, un solitario cascarrabias que emite gruñidos cartoonescos (que me recordaron a RanXerox, el personaje de Liberatore y Tamburini). Eastwood domina toda la película, está hecha totalmente a su medida, y evidentemente, con ese rostro tan impresionante (y esa voz arrasada, una razón de peso más para verla en su versión original), nadie puede negar que es perfectamente capaz de echársela a las espaldas. Y es que no existen rostros así en el cine actual, es así de simple. No hay nadie que tenga una presencia tan apabullante, capaz de dejarte pegado a la pantalla con una contracción de mandíbula. Es así, y es por eso que no importa tanto que trate de despertar la empatía en nosotros de la manera más fácil posible -la pobre escena de las bolsas de la compra, la típica familia gilipollas con la hija Parishiltoniana como contrapunto al rudo héroe con corazón, etcétera-. Todo eso pueden ser defectos o no serlo, dependerá de si el espectador busca un nivel de "complejidad psicológica" a lo Dostoievski o se conforma con no morirse de aburrimiento en el cine. Yo personalmente prefiero lo segundo, aunque no sea incompatible con lo primero, y por eso le perdono esas faltas de sutileza. Y es que uno no es ningún cinéfilo... E insisto: ese rostro, joder, ese rostro. Pura belleza masculina, incluso hecho una pasa, cómo le envidio.

No es ninguna obra maestra, no (demasiadas "obras maestras" últimamente). Es un relato sencillo y directo que hace pasar un buen rato, acorde con unos valores diamantinos. No todo el mundo es capaz de eso. Es justo señalar esas debilidades, pero no veo por qué siempre que una historia es sencilla debe ser crucificada como "predecible" o "simplona". ¿Qué diablos quiere la gente, cuarenta mil vueltas de tuerca al guión para que no sea capaz de adivinar el final? Me sorprende que haya gente que busque aún verse sorprendida al 100% por un relato, que pretenda que le eviten saber de antemano quién es el asesino o cuál va a ser (en el caso de esta película), el final de Walt Kowalski. No lo voy a contar, claro, pero cualquiera que vaya a verla y no se duerma en la butaca (que lo dudo), va a anticipar con toda seguridad la conclusión de la historia. Y vaya, a pesar de todo es un final que prefiero con creces al de "Mystic River".

Pues eso, un relato sencillo, directo y, también hay que decirlo, bastante cómico (el intercambio de palabras entre el chaval chino, Clint y el barbero es descojonante). Por no hablar de ese "Qué estáis tramando, morenos", que espeta el Jünger del cine americano a la pandilla de negros al comienzo de la película. Recomendada, pero que nadie se espere movidas raras. Es lo que es, porque así es como debe ser. ¡Y a callar todo el mundo!

2 comentarios:

el zurdo dijo...

Suscribo plenamente esta entrada. La vi con Casilda el día después de su estreno y creo que ambos vinimos a sentir lo que tú dices.

yorgos dijo...

Compadre!! q tal va la vida?
a ver si voy a ver esta peli, desde el estreno que quiero verla y no llega el dia!
un abrazo